El cerebro tiene dos hemisferios definidos, ambos complementarios y a la vez entrelazados. La parte abstracta y la parte racional se necesitan una a la otra. Dentro de la parte abstracta se encuentra el arte y si se desarrolla éste, todo el cerebro incrementará su potencial.

Los instrumentos de percusión son considerados los más antiguos de los instrumentos musicales. El primer sonido rítmico que escucha un niño es el corazón de su madre, cuando aún está en su vientre.

Y es que la percusión es la forma de música más primitiva y la que surge de nosotros de forma más natural e instintiva.

Los beneficios de la percusión son innumerables. El más evidente es la capacidad de coordinación que alcanza un gran nivel cuando se aprende a tocar la batería ya que requiere del movimiento acompasado de brazos y pies para hacer sonar todas las partes del instrumento.

La percusión también estimula la atención y la concentración y ejercita la memoria al tener que reproducir diferentes ritmos musicales.

Tambien trabajamos el esfuerzo y la paciencia, que son imprescindibles cuando se quiere tocar un instrumento.

Tocar la batería facilita el flujo sanguíneo, aumenta el ritmo cardiaco y desarrolla músculos en los hombros y en los brazos.

A través de cualquier instrumento de percusión, conseguimos canalizar el estrés. También nos relajamos y transmitimos nuestros sentimientos sin palabras, de una forma abierta y natural dejando volar nuestra creatividad e imaginación.

La repetición y el ensayo de una misma estructura fomenta el desarrollo de esquemas mentales y la improvisación agiliza la rapidez mental y fomenta la iniciativa.